viernes, 3 de junio de 2011

LA EQUIDAD Y EL MANEJO DEL LENGUAJE SEXISTA

La equidad y el manejo del lenguaje  sexista
“El significado de las palabras y el sentido de las
proposiciones está en su uso en el lenguaje”.
Ludwig Wittgenstein
Según la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discri­minación (lfped), ésta se define como “toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o eco­nómica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportu­nidades de las personas”.
En este sentido, el rasgo central de la discriminación es el efecto que tienen la exclusión y el trato diferenciado en el acceso y ejercicio pleno de los derechos humanos.

Entre las formas de discriminación, el sexismo es una de las más extendidas y frecuentes en el mundo. Consiste en el trato desigual y en la segregación de las personas de un sexo por considerarlas inferiores a las del otro. Con base en la diferencia sexual, las mujeres históricamente han sido y son discriminadas.
La discriminación sexual sucede de múltiples formas y en todos los ámbitos de la vida social: en el trabajo, la casa, la política, los medios de comunicación y, por supuesto, en el lenguaje. Las lenguas son sistemas de comunicación que reflejan las visiones y concepciones presentes en las sociedades; éstas suelen establecer una diferencia social entre los sexos que se refleja y transmite a través de los significados asignados a las palabras, los discursos, las ex­presiones del habla, las imágenes y los códigos gráficos.

Dada la influencia del sexismo lingüístico en el reforza­miento y reproducción de la desigualdad entre mujeres y hombres, los gobiernos que integran el Sistema de Nacio­nes Unidas se han comprometido a adoptar medidas para erradicar los usos excluyentes del lenguaje. El postulado básico que inspira esta transformación es nombrar lo di­ferente, lo silenciado históricamente, promoviendo valores de respeto, escucha y no discriminación entre los seres humanos y hacia lo femenino específicamente.
 El problema de la discriminación lingüística, se ha ubicado en las sociedades y culturas cuando a la representación y significación de lo masculino, a quien se le asigna un valor superior y universal que individualiza y descalifica lo femenino. En dichos casos, los sistemas lingüísticos presentan una marcada óptica mas­culina, que se ha denominado androcentrismo. Esta pala­bra deriva del griego andros (hombre) e implica la prevalen­cia de la mirada masculina, centrada en la consideración de que el hombre es el modelo, la medida y la representación de la humanidad. Tal visión proviene de una falsa idea según la cual se justifica la desigualdad de género como resultado de las diferencias biológicas y las funciones reproductivas de hombres y mujeres. Visión que ha sido construida a través del lenguaje mediante explicaciones que reflejan el peso de dichas creencias, cuya influencia se manifiesta a su vez en la mentalidad y la manera de sentir y actuar de los seres humanos.


Además, existe una discriminación de segundo orden a las mujeres que conviven con hombres a su vez discriminados.
En suma, se puede afirmar que el sexismo en el lenguaje es expresión de convenciones sociales construidas en torno a las experiencias, mensajes y discursos que se gestan en una sociedad y estigmatizan las formas de ser y actuar de mujeres y hombres, desconociendo el carácter social e his­tórico de las identidades. Tales concepciones son recrea­das en la comunicación cotidiana, generalmente sin tener conciencia de ello, por lo que circulan como expresiones del sentido común. Por ello es necesario hacer conciencia de los usos sexistas del lenguaje y promover formas alter­nativas de expresión y comunicación.
En esta tesitura, eliminar el sexismo en el lenguaje per­sigue dos objetivos: visibilizar a las mujeres y la diversi­dad social, y equilibrar las asimetrías de género. El primero implica evitar expresiones sexistas que denotan desprecio, subordinación o ridiculización de las mujeres, y reafirmar su construcción como personas activas, independientes, cons­cientes de sus deberes y derechos en las esferas pública y privada. El segundo corresponde a la función modeladora del lenguaje, que incide en los esquemas de percepción de la realidad, y con ello pretende contribuir a forjar una sociedad que reconozca e integre la diversidad, la igualdad y la equidad de género.
El texto que tiene en sus manos propone, pues, una serie de recomendaciones de utilidad práctica para trans­formar, de manera deliberada y consciente, los usos sexis­tas del lenguaje, e introducir en la sociedad formas de comunicación incluyentes, afines con las nuevas y diversas realidades de las mujeres y los hombres.
Un organismo federal mexicano ha publicado un "Manual para el uso no sexista del lenguaje" con el que pretende eliminar frases y palabras discriminatorias para las mujeres, en un país donde se les dice "viejas" y que "calladitas se ven más bonitas".
"Hay momentos en que hay que exagerar en algunas cuestiones hasta que lleguemos a un término intermedio, pero lo importante es cómo cambiamos la psicología de las personas", dijo a diputada la responsable del organismo, Laura Carrera Lugo.

En cambio, propone hablar de "ciudadanía", "descendencia" e "infancia", decir "la mayoría" en vez de muchos y dar un rodeo para frases como "los lectores del periódico podrán participar en el sorteo", que debería reemplazarse por "si Usted lee el periódico podrá participar en el sorteo".
Carrera Lugo afirma que muchas veces se hace invisibles a las mujeres desde el propio lenguaje. Hasta las mujeres dicen "uno mismo" en lugar de "una misma".
Hay otras palabras, como colega, artista, ciclista o patriota que podrían provocar la revolución de los machos. Sin embargo, según la comisionada, no es lo mismo. Existe una serie de palabras que son discriminatorias y que también "ejercen violencia contra las mujeres".
"Yo creo, y los estudios así lo arrojan, que esta es una sociedad machista. Ha habido cambios importantes en las legislaciones, sin duda, pero la ley no hace cultura, y hay que trabajar mucho en la modificación de la cultura", afirmó.
"Se habla de la mujer de Pedro, la mujer de fulanito de tal, como una posesión. Hay una cultura machista y nos lo arrojan las encuestas: el 67 por ciento de las mujeres del país dicen haber sufrido en algún momento violencia, y de parte de su pareja, el 47 por ciento".
En la introducción, el Manual señala que se trata de una "excelente herramienta para familiarizar al personal de la administración pública en el uso de estrategias no sexistas que ofrece la lengua española y al mismo tiempo sensibilizar con los cambios que demanda la sociedad actual".
Por ejemplo, propone evitar fórmulas que implican inferioridad o menosprecio a la mujer, como decir "Fox y Martita", una fórmula que se hizo común en la época del presidente Vicente Fox y su esposa Martha, o "El diputado González y la diputada Paty"
También se recomienda decir "la juventud que desee estudiar" en lugar de "los jóvenes que deseen estudiar" y "en la costa se come mucho pescado", en vez de "los costeños comen mucho pescado".
Para Carrera Lugo, "el machismo no es privativo de los hombres", ya que las mujeres convierten a sus hijos también en machos.
"Hay momentos en que hay que tomar medidas drásticas. Lo que tenemos que hacer es educar, cambiar la cultura discriminatoria", señaló.
Es como los topes que se ponen frente a las escuelas para que los automóviles reduzcan la velocidad y se detengan. "Cuando se aprenda a respetar, no habrá necesidad de topes".

GRACIAS.

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